El viajero corporativo está cambiando. Ya no basta con una buena ubicación, conectividad y comodidad: el impacto ambiental, el bienestar y la responsabilidad del alojamiento comienzan a formar parte de una nueva manera de recorrer el mundo por trabajo.

Durante décadas, los viajes de negocios estuvieron dominados por una ecuación aparentemente sencilla: ubicación estratégica, eficiencia, conectividad y servicios capaces de responder a una agenda exigente. Pero en 2026, una nueva variable gana protagonismo en esa decisión: la sostenibilidad.

La conciencia ambiental, que durante años estuvo estrechamente asociada al turismo de naturaleza y de ocio, comienza a trasladarse también al universo corporativo. El profesional contemporáneo no abandona sus valores cuando toma un avión para asistir a una reunión, una conferencia o cerrar un negocio. Por el contrario, empieza a preguntarse qué impacto genera su viaje y qué tan responsable es el establecimiento donde decide hospedarse.

Una nueva conciencia entra en la maleta

Las cifras internacionales presentadas en el Travel & Sustainability Report 2026 de Booking.com dimensionan este cambio. Según la información proporcionada, el estudio consultó a 32.500 viajeros de 34 países y encontró que el 85 % considera importante o muy importante viajar de manera sostenible.

Otro dato revela una transformación interesante: el 43 % asegura evitar destinos afectados por el exceso de turistas, once puntos porcentuales más que el año anterior.

La sostenibilidad, por tanto, comienza a superar la idea de simplemente reducir residuos o reutilizar una toalla. Para el viajero actual también puede significar elegir destinos menos saturados, valorar los recursos locales, buscar experiencias responsables y preferir empresas que demuestren coherencia entre su discurso y sus operaciones.

Ecuador encuentra una oportunidad

Esta evolución internacional abre una ventana particularmente interesante para Ecuador.

De acuerdo con la información compartida, la Travel Green List 2026 de la revista británica Wanderlust ubicó al país entre los tres destinos latinoamericanos destacados por sus iniciativas de turismo sostenible, junto con Costa Rica y Perú.

No resulta difícil comprender su potencial. Ecuador reúne cuatro mundos extraordinariamente distintos en un territorio relativamente pequeño: Andes, Amazonía, Costa y Galápagos. Su biodiversidad, patrimonio cultural y riqueza gastronómica permiten construir experiencias en las que naturaleza y comunidad pueden convertirse en protagonistas.

Pero el desafío consiste en transformar esas ventajas en un modelo turístico capaz de generar beneficios económicos mientras protege aquello que precisamente hace atractivo al destino.

El viajero corporativo también comienza a elegir

La transformación empieza a sentirse en la hotelería ecuatoriana.

Wyndham Quito Airport, situado junto al Aeropuerto Internacional Mariscal Sucre, recibe viajeros corporativos, pasajeros internacionales, tripulaciones y personas en conexión. Esa diversidad le permite observar de cerca cómo evolucionan las expectativas de quienes llegan al país.

Según datos proporcionados por el establecimiento, uno de cada cinco huéspedes considera la sostenibilidad como un elemento relevante al elegir dónde alojarse.

El porcentaje adquiere especial significado porque demuestra que las decisiones ambientales ya no pertenecen exclusivamente al viajero que visita una reserva natural o un ecolodge: también están llegando al ejecutivo que aterriza con una agenda de reuniones.

Florencia Burneo, gerente general de Wyndham Quito Airport, resume esta transformación:

“Hace algunos años, la sostenibilidad era un aspecto que los viajeros buscaban principalmente en destinos de naturaleza. Hoy forma parte de las expectativas de quienes viajan por trabajo, porque buscan experiencias que combinen comodidad, bienestar y un compromiso real con el entorno”.

Cuando los negocios se encuentran con el placer de descubrir

Existe otra tendencia que está modificando profundamente el turismo corporativo: prolongar un desplazamiento laboral para conocer el destino.

De acuerdo con los datos de Wyndham Quito Airport incluidos en la información proporcionada, el 85 % de quienes llegan por motivos profesionales extiende o complementa su estadía con experiencias turísticas.

Es la evolución natural del denominado bleisure, la combinación de business y leisure, y representa una oportunidad significativa para ciudades como Quito.

Un viaje de trabajo puede comenzar con una reunión y terminar con una caminata por el Centro Histórico, una experiencia gastronómica, una visita a paisajes andinos o una jornada dedicada simplemente al descanso.

De esta manera, el viajero corporativo deja de ser únicamente un huésped de paso y comienza a convertirse también en explorador del destino.

Bienestar: la otra dimensión de la sostenibilidad

La sostenibilidad contemporánea tampoco puede entenderse únicamente desde la perspectiva ambiental.

El bienestar de las personas se incorpora progresivamente a la conversación.

Después de jornadas laborales, vuelos, cambios de horario y reuniones, el huésped busca lugares capaces de proporcionarle descanso, alimentación adecuada, tranquilidad y espacios que permitan equilibrar productividad y recuperación.

La hotelería del futuro tendrá que comprender esta relación entre planeta y persona: ser eficiente en el uso de recursos mientras crea experiencias más humanas.

Porque un turismo verdaderamente sostenible no consiste únicamente en disminuir impactos ambientales. También debe aspirar a generar valor para trabajadores, comunidades, proveedores locales y viajeros.

De la promesa a los resultados

El crecimiento de esta tendencia plantea, además, una responsabilidad para toda la industria.

A medida que palabras como “verde”, “eco” y “sostenible” adquieren valor comercial, los viajeros necesitan información clara que les permita distinguir entre una campaña publicitaria y una transformación real.

La nueva hospitalidad tendrá que demostrar sus compromisos mediante acciones medibles: eficiencia energética y del agua, reducción de residuos, gestión responsable de alimentos, compras locales, disminución de plásticos innecesarios y procesos operativos que reduzcan su impacto.

La sostenibilidad deja así de ser decoración para convertirse en gestión.

La primera impresión también puede construir un destino

Los hoteles aeroportuarios poseen un papel especialmente interesante dentro de este nuevo escenario.

Para miles de visitantes constituyen el primer contacto con la hospitalidad de un país y, en muchos casos, también el último antes de regresar a casa.

Su capacidad para combinar conectividad, descanso, servicio y prácticas responsables puede influir en la percepción global que el viajero se lleva del destino.

En el caso de Ecuador, esta transformación representa mucho más que una tendencia hotelera. Es una oportunidad para fortalecer una identidad turística donde biodiversidad, hospitalidad, innovación y responsabilidad convivan dentro de una misma experiencia.

El nuevo equipaje del viajero

El ejecutivo de 2026 continúa llevando consigo documentos, dispositivos, reuniones y objetivos. Pero simbólicamente ha incorporado algo más a su equipaje: conciencia.

Viajar mejor comienza a significar elegir mejor. Y quizás allí se encuentre una de las transformaciones más interesantes del turismo contemporáneo. El éxito de un viaje ya no se mide solamente por los lugares conocidos, los negocios realizados o las noches de hotel acumuladas, sino también por la huella que dejamos después de partir.

EN CIFRAS

Ecuador figura, según la información proporcionada, entre los tres países latinoamericanos destacados en la Travel Green List 2026 de Wanderlust.

“Viajar por negocios puede mover economías; hacerlo responsablemente también puede ayudar a proteger los destinos que nos reciben.”

Fuente: Joseph Cordova, WYDHAM QUITO AIRPORT