Durante 27 temporadas, Olivia Benson ha acompañado a millones de espectadores. Pero detrás de una de las detectives más reconocibles de la televisión existe una historia todavía más poderosa: la de Mariska Hargitay, una mujer marcada desde niña por la pérdida, que transformó el éxito en compromiso social y que ahora alcanza otro hito al ponerse al frente de la 78.ª edición de los premios Emmy.

Hay carreras construidas a partir de una sucesión interminable de personajes. Y existen otras, mucho más excepcionales, en las que un solo papel termina creciendo junto a quien lo interpreta hasta convertirse en algo que trasciende la pantalla.
Mariska Hargitay pertenece a ese segundo grupo. A sus 62 años, la actriz, productora y directora estadounidense vive uno de los momentos más simbólicos de una trayectoria que comenzó mucho antes de que el público aprendiera a reconocerla simplemente como Olivia Benson. Desde 1999 ha interpretado a la detective de “Ley y orden: Unidad de Víctimas Especiales” durante 27 temporadas y más de 600 episodios, construyendo uno de los personajes femeninos más longevos y reconocibles de la televisión estadounidense.
Ahora, Hargitay asume un nuevo escenario: será la presentadora de la 78.ª edición de los premios Emmy en Los Ángeles, convirtiéndose, según la información publicada por El País, en la primera mujer en conducir la ceremonia en 15 años.
Pero reducir su historia a un récord televisivo sería contar solamente una parte de ella.
DE OLIVIA BENSON A UN FENÓMENO CULTURAL
Cuando Mariska Hargitay comenzó a interpretar a Olivia Benson en 1999, probablemente era imposible anticipar hasta dónde llegaría aquel personaje.
La detective fue evolucionando ante las cámaras hasta convertirse en una figura de autoridad, empatía y fortaleza dentro de una ficción centrada en la investigación de delitos sexuales. El personaje comenzó además a transmitir, mucho antes de que el movimiento #MeToo transformara la conversación pública, un mensaje inequívoco sobre la importancia de escuchar a quienes denuncian una agresión y situar la responsabilidad sobre el agresor.
El impacto terminó escapando de la ficción.
Hargitay comenzó a recibir miles de cartas de supervivientes de abusos y agresiones sexuales. Personas que, en muchos casos, compartían con ella experiencias que nunca antes habían relatado. La actriz comprendió entonces que detrás de la popularidad de Olivia Benson existía una necesidad real: ser escuchado, creído y acompañado.
Y decidió actuar.
CUANDO LA FAMA ENCUENTRA UNA CAUSA
En 2004 creó Joyful Heart Foundation, una organización destinada a transformar la respuesta social frente a la agresión sexual, la violencia de género y el abuso infantil.
Así, la frontera entre actriz y personaje adquirió una dimensión extraordinaria.
Hargitay dejó de limitarse a interpretar historias sobre supervivientes para convertirse también en una activista que trabaja por ellas fuera de los estudios de televisión. Su fundación ha participado, entre otras iniciativas, en la lucha contra la acumulación de kits de pruebas de agresiones sexuales que permanecían sin analizar en Estados Unidos.
Su compromiso adquirió una dimensión aún más íntima cuando, en 2024, reveló públicamente que ella misma había sufrido una violación cuando tenía treinta y tantos años. En un ensayo publicado por People habló de la experiencia, del trauma y del proceso personal que la llevó a comprender lo ocurrido.
Su activismo, por tanto, no nació únicamente de un guion. Con el tiempo se convirtió también en una forma de transformar su propia experiencia en acompañamiento para otras personas.
UNA INFANCIA ATRAVESADA POR LA TRAGEDIA
Mucho antes de comprender el significado de la fama, Mariska Hargitay conoció la pérdida.
Es hija del culturista Mickey Hargitay y de Jayne Mansfield, una de las grandes figuras del Hollywood de los años cincuenta y sesenta. Cuando Mariska tenía apenas tres años viajaba junto a dos de sus hermanos en el automóvil que sufrió el accidente en el que murió su madre, de 34 años, además de otros dos adultos. Los niños sobrevivieron.
Décadas después, aquella ausencia continuaría formando parte de su historia.
En 2026, precisamente, Hargitay volvió a mirar hacia su pasado a través del documental “Mi mamá Jayne”, un trabajo profundamente personal sobre su búsqueda por comprender y aceptar la figura de su madre. El proyecto le otorgó dos reconocimientos en los Creative Arts Emmys celebrados el 5 de septiembre.
La imagen de Hargitay vestida de rojo, sonriente y sosteniendo sus dos premios resulta particularmente poderosa: detrás de aquella celebración existe el recorrido de una niña que sobrevivió a una tragedia y que, seis décadas después, decidió contar la historia de la mujer que perdió demasiado pronto.
EL AMOR TAMBIÉN LLEGÓ A TRAVÉS DE “LEY Y ORDEN”
Curiosamente, la serie que cambió su carrera también transformó su vida privada.
Hargitay se casó en 2004 con el actor Peter Hermann, a quien conoció en el universo de “Ley y orden”. Dos años después nació August, su primer hijo. En 2011 ampliaron la familia mediante la adopción de Amaya y Andrew.
De esta manera, el proyecto profesional que le dio reconocimiento internacional terminó conectándose con algunos de los pilares fundamentales de su vida: su pareja, su familia y su vocación social.
DE OLIVIA BENSON A TAYLOR SWIFT
El alcance cultural del personaje ha llegado incluso a una de las mayores estrellas de la música contemporánea.
Taylor Swift ha reconocido durante años su admiración por Olivia Benson. En 2014 bautizó con ese nombre a una de sus gatas y, con el paso del tiempo, aquella admiración derivó en una amistad real con Hargitay. La actriz incluso participó en 2015 en el célebre videoclip de “Bad Blood”.
La relación también ha tenido una dimensión solidaria: tras ganar en 2017 un juicio relacionado con una agresión sexual, Swift realizó una donación —cuya cuantía no fue revelada— a la fundación de Hargitay.
Es otro ejemplo de hasta dónde puede extenderse la influencia de una historia televisiva cuando aquello que representa conecta con experiencias reales.
UNA DE LAS MUJERES MÁS PODEROSAS DE LA TELEVISIÓN
La longevidad de “Ley y orden: Unidad de Víctimas Especiales” también ha situado a Hargitay en una posición excepcional dentro de la industria.
De acuerdo con los datos citados por El País a partir de Forbes, en 2025 figuró como la segunda actriz mejor pagada del año anterior. La publicación estimó unos ingresos de alrededor de 750.000 dólares por episodio entre sus funciones de interpretación y producción, además de su participación en los beneficios derivados de la distribución de la serie.
Pero los números explican únicamente una parte del fenómeno.
Olivia Benson le dio premios —entre ellos un Globo de Oro en 2005 y un Emmy interpretativo en 2006—, estabilidad profesional y reconocimiento mundial. Hargitay, a cambio, convirtió aquel personaje en algo que excede las métricas de audiencia.
LOS EMMY, AHORA DESDE EL CENTRO DEL ESCENARIO
Su siguiente desafío será diferente.
Cuando aparezca ante la audiencia de los Emmy ya no habrá placa de detective ni un caso escrito en el guion. Será Mariska Hargitay quien conduzca la ceremonia.
Ella misma ha anticipado que no pretende imitar el estilo tradicional de los presentadores provenientes de la comedia. Su intención es llevar la gala desde su propia personalidad y hacerlo, como explicó parafraseando a Frank Sinatra, “a mi manera”. Para preparar el guion ha trabajado con el equipo de “The Late Show with Stephen Colbert”.
La elección tiene una fuerza simbólica difícil de ignorar.
Después de más de un cuarto de siglo interpretando a una mujer que escucha a quienes necesitan ser escuchados, Hargitay ocupará ahora uno de los escenarios más visibles de la televisión.
MUCHO MÁS QUE UN PERSONAJE
Mariska Hargitay demuestra que permanecer 27 temporadas en una misma serie no necesariamente significa quedarse en el mismo lugar.
Olivia Benson creció. Mariska también.
En ese recorrido hubo éxito, fortuna y premios, pero también pérdida, maternidad, activismo, amistad y una decisión poco frecuente en una industria obsesionada con reinventarse: profundizar en un personaje en lugar de abandonarlo.
Quizá allí resida la singularidad de su historia.
Porque Olivia Benson convirtió a Mariska Hargitay en una estrella. Pero fue Mariska Hargitay quien consiguió que aquella estrella iluminara algo mucho más importante que una pantalla: una conversación sobre dignidad, supervivencia, justicia y el poder de escuchar.
Fuente de información y fotografías: El País — reportaje de Ixone Arana, publicado el 13 de septiembre de 2026. Fotografía Portada: AP Photo/Chris Pizzello / Cordon Press





