Una demanda judicial reaviva rumores tan impactantes como controvertidos y enfrenta a dos de las dinastías más emblemáticas de la cultura popular estadounidense.

Una afirmación tan inesperada como explosiva ha vuelto a colocar a la familia Presley en el centro del escrutinio mediático internacional. Documentos judiciales surgidos en el marco de una demanda civil aseguran que Riley Keough, nieta de Elvis Presley e hija de la fallecida Lisa Marie Presley, habría sido la donante de óvulos que permitió a John Travolta y a su esposa, la también fallecida Kelly Preston, concebir a su hijo menor, Benjamin, nacido en 2010. La versión ha sido desmentida de forma categórica por Priscilla Presley, quien la ha calificado de “escandalosa” y ajena por completo a la verdad.

La información salió a la luz en una demanda presentada por los exsocios comerciales de Priscilla Presley, Brigitte Kruse y Kevin Fialko, quienes la acusan de incumplimiento de contrato y de haber perjudicado sus negocios tras la muerte de su hija Lisa Marie, ocurrida en enero de 2023. Lo que comenzó como un conflicto mercantil terminó derivando en una narrativa que ha eclipsado el objetivo original del proceso judicial y ha puesto en entredicho la intimidad de una de las familias más observadas del mundo del espectáculo.

Según los documentos, a los que han tenido acceso medios como People, Page Six y TMZ, los demandantes sostienen que Michael Lockwood —exmarido de Lisa Marie Presley— les habría contado que John Travolta y Kelly Preston recurrieron inicialmente a óvulos de Lisa Marie para intentar concebir, y que posteriormente, tras la muerte de su hijo Jett en 2009, habrían solicitado la donación de óvulos de Riley Keough. La demanda afirma incluso que dicho acuerdo habría incluido una compensación económica de entre 10.000 y 20.000 dólares, además de un automóvil Jaguar.

Las acusaciones no solo resultan difíciles de comprobar, sino que han sido negadas de manera contundente por las partes señaladas. Michael Lockwood rechazó de plano haber hecho tales afirmaciones, calificándolas de “descabelladas”, y aseguró no tener conocimiento alguno de los supuestos acuerdos. Asimismo, hasta el momento, el tribunal no ha recibido pruebas que respalden las graves imputaciones incluidas en la querella.

Priscilla Presley reaccionó con firmeza a través de sus abogados, Marty Singer y Wayne Harman, quienes denunciaron que los demandantes han cruzado “límites éticos inaceptables” con el único objetivo de causar daño personal y mediático. En un comunicado difundido a la prensa, subrayaron que estas acusaciones no guardan relación alguna con el litigio contractual y advirtieron que serán abordadas con todo el peso de la ley.

Para la matriarca del clan Presley, que en 2023 logró reconciliarse con su nieta Riley tras una tensa disputa por el testamento de Lisa Marie, este nuevo episodio supone un golpe especialmente doloroso. En declaraciones previas, ambas ya habían defendido la unidad familiar y su compromiso con preservar el legado de Elvis Presley “con dignidad y respeto”, rechazando cualquier intento externo de sembrar división.

En paralelo, la historia personal de John Travolta y Kelly Preston añade una capa de sensibilidad al relato. La pareja perdió a su hijo mayor, Jett, en 2009, y dio la bienvenida a Benjamin un año después, en 2010. Kelly Preston falleció en 2020 tras una larga lucha contra el cáncer de mama, dejando a Travolta al frente de una familia marcada por pérdidas profundas.

Más allá del impacto mediático, el caso pone de relieve una cuestión de fondo: hasta qué punto los procesos judiciales pueden convertirse en escenarios para ventilar rumores sin sustento que afectan la reputación y la intimidad de personas públicas. Por ahora, lo único claro es la postura firme de Priscilla Presley y Riley Keough, quienes han reiterado que las acusaciones son falsas y profundamente hirientes.

Mientras la justicia sigue su curso, el apellido Presley vuelve a recordarnos que incluso los legados más míticos no están exentos de controversia. En este cruce de versiones, demandas y desmentidos, la verdad jurídica aún está por escribirse, pero la herida mediática ya ha dejado huella.