Un monumental mural de nueve por cuatro metros y una capilla concebida como espacio de serenidad incorporan arte cerámico al Aeropuerto Mariscal La Mar. Con el aporte técnico y material de Kerámikos, dos intervenciones transforman lugares de tránsito en escenarios capaces de contar la identidad, las tradiciones y la sensibilidad de Cuenca.

Un aeropuerto suele representar partidas y llegadas. Maletas que avanzan, abrazos que esperan, viajeros que miran el reloj y aeronaves que conectan destinos. Pero también puede convertirse en la primera o última imagen que una ciudad entrega a quienes la visitan.
En Cuenca, esa imagen adquiere ahora una dimensión artística.
El Aeropuerto Mariscal La Mar incorpora dos intervenciones que encuentran en la cerámica un lenguaje para comunicar identidad y generar emociones: el mural “Cuenca Vuela Alto” y la intervención de su capilla.
Kerámikos participó en ambos proyectos mediante tecnología, materiales y acompañamiento especializado, sumándose a una propuesta en la que arte, arquitectura y diseño convergen dentro de uno de los principales puntos de conexión de la ciudad con el país y el mundo.
“Cuenca Vuela Alto”: una ciudad narrada en cerámica
Barrios tradicionales, calles, arquitectura, paisajes, festividades y escenas de la vida cotidiana encuentran un lugar en “Cuenca Vuela Alto”, obra creada por el artista ecuatoriano Hernán Illescas.
Con dimensiones de nueve metros de ancho por cuatro de alto, el mural utiliza la cerámica y la técnica de alto relieve para construir una interpretación visual de la esencia cuencana.
Su ubicación añade significado a la propuesta.
Miles de personas transitan por un aeropuerto llevando consigo diferentes historias. Para quien llega, el mural funciona como una bienvenida; para quien parte, puede convertirse en una última mirada hacia aquellos elementos que hacen reconocible a Cuenca.
La obra establece así un diálogo entre dos conceptos aparentemente opuestos: las raíces y el movimiento.
Mientras sus imágenes evocan aquello que permanece —la arquitectura, las costumbres y la memoria colectiva—, el aeropuerto representa precisamente la posibilidad de partir, regresar y conectarse con nuevos destinos.
Del lienzo a la cerámica
Materializar una obra de estas características implicó trasladar una propuesta artística hacia un soporte con exigencias técnicas particulares.
A través de su fábrica Pasarella, Kerámikos brindó asesoría y acompañamiento durante el proceso de transformación de la creación original en piezas cerámicas, además de facilitar tecnología especializada para su elaboración.
La participación técnica permitió conservar la intención del artista mientras la obra adquiría una nueva materialidad.
Y es precisamente allí donde la cerámica revela otra de sus posibilidades: deja de entenderse exclusivamente como revestimiento o elemento funcional y se convierte en soporte para narrar una historia.
“Estos proyectos representan una oportunidad para demostrar que la cerámica puede formar parte de espacios que cuentan historias, transmiten identidad y generan emociones”, explica William Gómez, gerente general de Kerámikos.
Un espacio de silencio en medio del movimiento
A pocos pasos del constante tránsito propio de una terminal aérea aparece una segunda intervención con un propósito completamente diferente.
La capilla del Aeropuerto Mariscal La Mar fue concebida como un lugar de paz, contemplación y esperanza para pasajeros y visitantes.
En este proyecto, Kerámikos participó desde la concepción del diseño y aportó materiales como porcelanato y pegantes para pisos y paredes. También intervino en la producción de murales cerámicos con las imágenes de Nuestra Señora del Buen Suceso y el Arcángel San Miguel.
Tonos cálidos, iluminación y diferentes elementos arquitectónicos fueron integrados para crear una atmósfera de serenidad y recogimiento.
La intervención demuestra cómo el diseño de un espacio puede responder no solamente a una necesidad física, sino también emocional.
En un aeropuerto, donde se cruzan despedidas, reencuentros, expectativas y largas esperas, disponer de un lugar destinado al silencio adquiere un significado particular.

Cuando los materiales también cuentan historias
Ambos proyectos parten de necesidades distintas.
Uno celebra públicamente la identidad de Cuenca mediante el arte. El otro busca ofrecer intimidad y serenidad.
Sin embargo, comparten una misma idea: los materiales que construyen nuestros espacios también pueden influir en la manera en que los vivimos.
La cerámica adquiere entonces una dimensión que supera su aplicación convencional. El color, el relieve, las texturas y su integración con la arquitectura permiten convertirla en un recurso para comunicar cultura, generar atmósferas y construir identidad.
“La cerámica tiene la capacidad de ir más allá de lo funcional. Puede convertirse en una herramienta para expresar cultura, fortalecer la identidad de una ciudad y crear experiencias que conecten con las personas”, sostiene Gómez.

Empresa, arte y ciudad
La participación de Kerámikos refleja también las posibilidades que surgen cuando el sector privado, los artistas y las instituciones locales colaboran alrededor de proyectos destinados a la comunidad.
Con más de 50 años de trayectoria en Ecuador, la compañía ha desarrollado su actividad alrededor de acabados para construcción, cerámica, porcelanato y otras soluciones destinadas a proyectos residenciales, comerciales y arquitectónicos.
En esta ocasión, sin embargo, sus materiales adquieren otra función: participar en la construcción de un relato colectivo.
El resultado permite observar cómo una empresa vinculada tradicionalmente con la construcción puede relacionarse también con el arte, el patrimonio y la experiencia urbana.
La primera impresión de una ciudad
Los aeropuertos son mucho más que infraestructura.
Para muchos viajeros constituyen la puerta de entrada a un territorio y, por tanto, uno de sus primeros encuentros con la identidad local.
Incorporar manifestaciones artísticas en estos espacios permite que una terminal deje de ser únicamente un lugar de tránsito para transformarse también en un escenario de descubrimiento.
“Cuenca Vuela Alto” hace precisamente eso: presenta una ciudad a través de sus símbolos antes incluso de que el visitante salga del aeropuerto.
La capilla, desde una perspectiva diferente, introduce una dimensión humana dentro del mismo recorrido.
Una habla de aquello que identifica a Cuenca.
La otra ofrece un espacio para detenerse.

Una ciudad que lleva sus raíces consigo
Cuenca posee una relación histórica con la artesanía, el diseño y los oficios que han transmitido conocimiento entre generaciones. Llevar esa sensibilidad a un aeropuerto significa colocar parte de esa identidad en uno de los escenarios más contemporáneos de la ciudad.
El mural “Cuenca Vuela Alto” y la intervención de la capilla demuestran que arquitectura, arte y materiales pueden encontrarse para transformar espacios cotidianos en experiencias con significado.
Porque viajar también consiste en llevarse algo del lugar que dejamos atrás.
Y ahora, entre despegues y aterrizajes, Cuenca tiene una nueva manera de despedir y recibir a quienes cruzan sus puertas: una ciudad que vuela hacia el mundo sin dejar sus raíces en tierra.
Fuente: Gloria Redin





