Un simple acto de prevención puede marcar la diferencia entre la salud y la enfermedad en perros y gatos, en un escenario global donde la desinformación sigue siendo el principal enemigo.

En un mundo donde los animales de compañía ocupan un lugar cada vez más central en la vida familiar, una preocupación silenciosa avanza con fuerza: los parásitos. Aunque a menudo pasan desapercibidos, su impacto es profundo, tanto en la salud de las mascotas como en la de las personas. Así lo revela una encuesta global que expone una realidad inquietante: el desconocimiento sigue siendo una de las principales barreras para combatir este riesgo latente .
Las cifras son elocuentes. El 43% de los tutores afirma que sus mascotas han sufrido infecciones parasitarias, mientras que un contundente 75% reconoce necesitar orientación más clara sobre cómo prevenirlas. Este vacío de información se traduce en prácticas insuficientes: uno de cada diez cuidadores solo actúa cuando aparecen signos visibles o, en el peor de los casos, no realiza ningún tipo de tratamiento. Sin embargo, muchas infestaciones son subclínicas, es decir, pueden desarrollarse sin manifestar síntomas evidentes durante largos periodos .
El problema adquiere una dimensión aún más compleja al considerar su alcance global. Desde Estados Unidos, donde más de 1,2 millones de perros padecen dirofilariosis, hasta Europa, donde esta enfermedad se expande a nuevos territorios, los parásitos no reconocen fronteras. En regiones como América Latina, África y Asia, las condiciones climáticas favorecen su proliferación, elevando el riesgo sanitario de manera significativa .
Ecuador no es la excepción. Un estudio reciente evidenció que el 78% de los perros analizados en comunidades de la costa presentaban parásitos intestinales, muchos de ellos con potencial zoonótico, es decir, transmisibles a humanos. Este dato no solo revela la magnitud del problema, sino también su impacto directo en la salud pública, reforzando la urgencia de adoptar medidas preventivas constantes .
A pesar de este panorama, existen señales alentadoras. Más de la mitad de los tutores ya implementa tratamientos antiparasitarios al menos cada tres meses. Sin embargo, la percepción del riesgo sigue siendo baja: apenas el 20% considera estas infestaciones como una amenaza seria, lo que evidencia la necesidad de fortalecer la educación y la concientización .
En este contexto, iniciativas como la campaña “Pequeños actos de amor. Grandes momentos de la vida”, impulsada por Boehringer Ingelheim, buscan transformar hábitos cotidianos en acciones de alto impacto. La premisa es clara: prevenir no solo protege la salud de las mascotas, sino que también preserva la tranquilidad y bienestar de las familias.
El rol del médico veterinario emerge como pieza clave en esta ecuación. Siete de cada diez tutores lo identifican como su principal fuente de información, y la gran mayoría demanda recomendaciones más claras y personalizadas. Cada mascota es única, y su entorno, estilo de vida y condición determinan el nivel de riesgo, haciendo imprescindible un enfoque adaptado y constante .
Hoy, más que nunca, la prevención se redefine como un acto de amor responsable. En la cotidianidad de un cuidado informado y sostenido, reside la posibilidad de construir un entorno más saludable, no solo para nuestras mascotas, sino también para toda la comunidad.
Fuente: Dayra Santillán, Keyword










