Entre música, movimiento y propósito, una estrella vuelve a sus raíces para convertir la celebración en un acto de generosidad y conexión humana.

El brillo del éxito adquiere un significado distinto cuando se comparte con quienes vieron nacer los sueños. Así lo demostró Clarissa Molina, quien regresó a su ciudad natal, Santiago de los Caballeros, para celebrar la primera edición de Menéalo Santiago, un evento que trascendió el entretenimiento para convertirse en una experiencia profundamente humana.

Concebido como una fusión de bienestar, cultura y compromiso social, el encuentro reunió a decenas de personas en el Salón del Ayuntamiento, donde el baile se transformó en lenguaje universal de alegría, empoderamiento y comunidad. Desde las primeras horas del día, el ambiente vibraba con energía colectiva, confirmando que el verdadero éxito se mide también en la capacidad de inspirar.

Más que una clase de baile, Menéalo Santiago fue una declaración de intenciones: devolver, conectar y construir. La dinámica estuvo liderada por la emprendedora Yelus Ballestas, quien guió a los asistentes en una jornada donde cada paso se convirtió en un acto de liberación y bienestar.

Sin embargo, uno de los momentos más conmovedores de la visita de Clarissa ocurrió fuera del escenario. Su regreso a la Fundación Monumento Viviente le permitió reencontrarse con una causa que forma parte esencial de su historia. Allí, fue testigo del impacto tangible de los fondos donados tras su triunfo en Mira Quién Baila, observando cómo su aporte ha contribuido al desarrollo de niños y comunidades enteras.

La recepción que le ofrecieron los niños —llena de música, talento y sonrisas— fue, en sus propias palabras, una experiencia indescriptible. “Su energía y su alegría son la mayor recompensa”, expresó visiblemente emocionada, reafirmando su compromiso con iniciativas que generan cambios reales.

El evento también sirvió como escenario para reconocer su trayectoria. Autoridades locales le otorgaron un reconocimiento oficial, destacando no solo su carrera en Estados Unidos, sino también su impacto positivo como embajadora de la identidad dominicana.

La jornada contó además con la presencia de destacadas figuras del entretenimiento como Juan Carlos Pichardo, Luz García, Nelfa Núñez y Hony Estrella, quienes se sumaron a esta iniciativa, reforzando su alcance y relevancia.

La música, como hilo conductor, elevó la experiencia a otro nivel. El artista Mark B encendió el ambiente con una apertura vibrante, mientras que El Prodigio puso el broche de oro con una presentación cargada de tradición y ritmo, llevando al público a un clímax de celebración colectiva.

Pero más allá del espectáculo, Menéalo Santiago dejó una huella más profunda: la certeza de que el entretenimiento puede ser también una herramienta de transformación social. La mayor parte de los fondos recaudados fue destinada a la Fundación Monumento Viviente, reafirmando que cada paso de baile tuvo un propósito mayor.

Clarissa Molina, quien conquistó al público desde su coronación como Miss República Dominicana y su triunfo en Nuestra Belleza Latina, continúa consolidándose como una figura integral: talentosa, influyente y comprometida. Hoy, su historia no solo inspira por lo que ha logrado, sino por lo que decide devolver.

Porque cuando el éxito se comparte, deja de ser individual y se convierte en legado.

Fuente: María Sabatella, MS Communication