Entre apuestas clandestinas, ambición desbordada y gloria deportiva, Marty Supreme emerge como una de las películas más audaces y esperadas del cine contemporáneo, un retrato vibrante donde el talento y el ego se disputan el alma de un campeón.

Marty Supreme no es un biopic convencional, y nunca pretendió serlo. Dirigida por Josh Safdie, la cinta se sumerge en la vida real y exagerada de Marty Mauser, un personaje inspirado libremente en la leyenda del tenis de mesa estadounidense Marty Reisman, un genio rebelde que convirtió el ping-pong en espectáculo, desafío y forma de supervivencia.

Ambientada entre los clubes clandestinos de Nueva York de los años cincuenta y el circuito internacional del tenis de mesa, la película traza el ascenso de un joven buscavidas que descubre su talento jugando por dinero en sótanos y salones ocultos de Manhattan. Con un estilo ofensivo, teatral y provocador, Mauser desafía a rivales, normas y expectativas, hasta alcanzar la cima de un deporte que, por un breve instante, llenó estadios y encendió pasiones. En la vida real, Reisman ganó 22 títulos importantes, incluidos dos campeonatos nacionales, y se convirtió —a los 67 años— en el campeón más veterano de un torneo nacional de deportes de raqueta.

El encargado de dar vida a este personaje excesivo y magnético es Timothée Chalamet, quien no solo protagoniza la cinta, sino que participa por primera vez como productor creativo, involucrándose en decisiones clave más allá de la actuación. Para el papel, el actor se sometió a un entrenamiento físico exhaustivo con jugadores de élite, rodó muchas escenas sin trucos de montaje y aceptó exigencias visuales extremas que transformaron por completo su imagen. El resultado es un Chalamet camaleónico, físico y feroz, muy lejos de sus registros más introspectivos.

La película combina el recorrido deportivo de Mauser con un universo personal marcado por relaciones familiares complejas, vínculos afectivos caóticos y una ambición que roza la autodestrucción. Safdie construye así un retrato de época donde el tenis de mesa funciona como metáfora de una generación de inconformistas que encontraron en el juego un territorio para canalizar obsesiones, egos y sueños de grandeza.

El reparto refuerza esta mirada coral y excéntrica. Gwyneth Paltrow regresa al cine en el papel de Kay Stone, una sofisticada estrella que contrasta con el mundo áspero de las apuestas y los salones de juego. Odessa A’zion, Tyler, the Creator, Fran Drescher, Abel Ferrara, Sandra Bernhard y el empresario Kevin O’Leary completan un elenco tan heterodoxo como magnético, salpicado de cameos culturales y figuras reales del deporte y el espectáculo. Esta mezcla de veteranía, debutantes y personalidades disruptivas es parte esencial del ADN de la película.

Producida por A24, con un presupuesto aproximado de 35 millones de dólares, Marty Supreme cuenta con la música de Daniel Lopatin (Oneohtrix Point Never) y la fotografía del legendario Darius Khondji, elementos que elevan su tono sensorial y nostálgico. El rodaje se desarrolló en localizaciones clave como Nueva York y Boston, reconstruyendo con minuciosidad el circuito internacional del ping-pong de mediados del siglo XX.

Lejos de idealizar a su protagonista, la cinta abraza la exageración, el mito y la fábula, tal como el propio Reisman solía hacer con su historia. Ese juego entre realidad y leyenda es el corazón del filme: una reflexión sobre hasta dónde puede estirarse un sueño cuando se mezcla con talento, ego y espectáculo.

Marty Supreme llegará a los cines el 30 de enero de 2026, posicionándose ya como una de las propuestas más singulares de la temporada y una firme candidata a dejar huella en el circuito de premios. Un drama deportivo atípico, eléctrico y elegante, que confirma a Timothée Chalamet como uno de los intérpretes más audaces de su generación y a Josh Safdie como un autor dispuesto a explorar territorios tan imprevisibles como fascinantes.