Hay ingredientes que no necesitan demasiados adornos para impresionar.

La ostra es uno de ellos. Pero cuando se encuentra con mantequilla, miso, parmesano y limón, abandona por un instante la tradición y se convierte en una pequeña joya de la cocina contemporánea.
La historia de la ostra
El 5 de agosto aparece registrado como National Oyster Day en varios calendarios gastronómicos estadounidenses y también en materiales de divulgación del USDA.
Las ostras forman parte de la alimentación humana desde tiempos antiguos. Durante siglos fueron recolectadas en costas de Europa, Asia y América y llegaron a convertirse tanto en alimento cotidiano como en producto asociado al lujo.
Su enorme importancia gastronómica permanece hasta hoy. Se consumen frescas, ahumadas, fritas, gratinadas o incorporadas a salsas y preparaciones de alta cocina.
La receta
Esta versión juega con el contraste entre el carácter marino de la ostra y una mantequilla aromática de miso blanco, limón y parmesano.
El gratinado crea una superficie dorada mientras el interior permanece jugoso.
Ingredientes
- 12 ostras frescas
- 80 g de mantequilla sin sal
- 1 cucharada de miso blanco
- 30 g de parmesano rallado
- 1 diente de ajo
- Ralladura de 1 limón
- 1 cucharadita de jugo de limón
- Perejil fresco
- Pimienta negra
- Sal gruesa para presentar
Paso a paso
- Abrir cuidadosamente las ostras y conservar su líquido natural.
- Mezclar mantequilla, miso, ajo, limón, parmesano y pimienta.
- Colocar las ostras sobre una cama de sal gruesa.
- Añadir una pequeña cantidad de la mantequilla aromática.
- Gratinar a temperatura alta hasta que la superficie esté dorada.
- Terminar con ralladura de limón y perejil.
Recomendaciones
Comprar ostras de procedencia confiable y mantenerlas refrigeradas hasta el momento de preparación.
El gratinado debe ser breve: la intención es aportar color y aroma sin convertir la ostra en una preparación seca.
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