322.842 botellas plásticas evitadas y 417,5 kilos de plástico reciclado incorporados a mobiliario muestran dos caminos complementarios frente a un mismo desafío: impedir que el residuo nazca y encontrar una nueva vida para el material que ya existe.

En una habitación de hotel, una botella de agua puede parecer un detalle insignificante. Se abre, cumple su función durante unos minutos y desaparece de la vista del huésped. Pero cuando ese mismo gesto se multiplica por cientos de personas cada día y se repite durante años, aquello que parecía pequeño adquiere otra dimensión.
Esa es precisamente la lógica que Wyndham Quito Airport ha aplicado a su estrategia de reducción de residuos. Desde 2023, el hotel dejó de utilizar botellas plásticas de un solo uso dentro de su operación y, tres años después, registra 322.842 unidades evitadas. A esa decisión se suma ahora otra iniciativa: la incorporación progresiva de 417,5 kilos de plástico reciclado en 26 elementos de mobiliario exterior.
Son dos acciones diferentes, pero responden a una misma pregunta: ¿cómo puede una operación hotelera que funciona todos los días reducir los residuos que genera sin comprometer la experiencia de sus huéspedes?
322.842 pequeñas decisiones
La sostenibilidad suele expresarse mediante grandes compromisos, pero en ocasiones comienza con la eliminación de un objeto cotidiano.
En 2023, Wyndham Quito Airport decidió retirar las botellas plásticas de un solo uso de su operación. Desde entonces, según los registros proporcionados por el establecimiento, se han evitado 322.842 unidades, lo que representa un promedio aproximado de 295 botellas diarias.
Durante el período analizado, alrededor de 288.000 huéspedes pasaron por el hotel. La cifra permite comprender la escala del desafío que enfrenta la industria de la hospitalidad: cualquier producto entregado individualmente puede multiplicarse rápidamente cuando forma parte de una operación permanente.
El registro, además, no contempla otros consumos de difícil medición relacionados con restaurantes, empaques para llevar, globos u otros artículos desechables. Por ello, las 322.842 botellas constituyen un indicador concreto dentro de un universo de residuos mucho más amplio.
Entre 3,2 y 3,9 toneladas potencialmente evitadas
Existe otra forma de visualizar esas más de 322.000 unidades.
Tomando como referencia un peso aproximado de entre 10 y 12 gramos para una botella PET, el material que potencialmente dejó de utilizarse equivaldría a entre 3,2 y 3,9 toneladas de plástico.
Es importante precisar que se trata de una estimación referencial y no de un pesaje físico del material evitado. Sin embargo, la equivalencia permite dimensionar el efecto acumulativo que puede tener una modificación aparentemente sencilla cuando consigue mantenerse en el tiempo.
Y allí aparece uno de los principios fundamentales de una gestión responsable de residuos: antes de preguntarnos cómo reciclar algo, conviene preguntarnos si realmente necesitamos producirlo o consumirlo.
Evitar antes que reciclar
Durante años, reciclaje y sostenibilidad han sido utilizados casi como sinónimos. No lo son.
Reciclar interviene cuando el material ya existe. Reducir actúa antes, evitando que ese residuo llegue a generarse.
En una operación hotelera, aplicar esta filosofía exige revisar objetos y procesos cotidianos para identificar cuáles pueden eliminarse, reemplazarse o rediseñarse sin disminuir la calidad del servicio.
El reto está en conseguir que la alternativa funcione cuando el hotel está lleno, cuando cambia el perfil de los huéspedes o cuando se desarrollan eventos y actividades con necesidades distintas. Una iniciativa ambiental solo produce un cambio estructural cuando deja de depender de una campaña temporal y se incorpora a la operación habitual.
“La sostenibilidad no se trata solamente de implementar una iniciativa, sino de conseguir que el cambio se mantenga cuando deja de ser una novedad. Tres años después, las 322.842 botellas evitadas nos permiten medir una decisión que dejó de ser un proyecto y pasó a formar parte de nuestra operación”, señala Florencia Burneo, gerente general de Wyndham Quito Airport.
Del residuo al mobiliario
Pero no todos los materiales pueden evitarse. Allí comienza el segundo camino: recuperar aquello que ya existe y extender su vida útil.
Wyndham Quito Airport se encuentra incorporando 26 elementos de mobiliario exterior elaborados con 417,5 kilos de plástico reciclado, en un proyecto desarrollado junto con la empresa ecuatoriana RAYA.
La propuesta añade otro elemento interesante. En 22 de las 26 piezas se conservaron las estructuras metálicas originales, evitando reemplazarlas completamente.
Esto permite observar la sostenibilidad desde una perspectiva más amplia. No se trata únicamente de que el nuevo mobiliario contenga plástico reciclado, sino de preguntarse también qué componentes existentes todavía pueden seguir utilizándose.
Reutilizar antes de reemplazar puede convertirse así en otra herramienta para reducir el consumo de materias primas y evitar la generación innecesaria de nuevos residuos.
Reducir y reciclar: dos acciones que no significan lo mismo
Las dos iniciativas representan momentos diferentes dentro del ciclo de los materiales.
Las botellas que dejaron de utilizarse responden a una estrategia de prevención: el mejor residuo es aquel que nunca llega a generarse. El mobiliario, en cambio, aborda materiales que ya existen y busca incorporarlos nuevamente a un ciclo de uso.
Esta distinción resulta especialmente importante porque permite superar una visión limitada de la sostenibilidad basada exclusivamente en el reciclaje.
Una estrategia más completa comienza reduciendo aquello que puede eliminarse; continúa reutilizando lo que todavía conserva valor y, cuando ninguna de esas posibilidades es viable, procura recuperar y reciclar los materiales de manera responsable.
Cuando la sostenibilidad se puede contar
Existe, además, un cambio importante en la manera en que las empresas comunican sus compromisos ambientales.
Decir que una organización busca ser sostenible es una declaración. Poder determinar cuántas unidades dejaron de consumirse, cuántos kilos fueron recuperados o durante cuánto tiempo se mantuvo una medida permite comenzar a evaluar sus resultados.
En este caso, las 322.842 botellas constituyen un indicador acumulado de tres años. Los 417,5 kilos utilizados en mobiliario permiten cuantificar una segunda acción. Y las 22 estructuras metálicas conservadas añaden otro elemento verificable al proceso.
Las cifras no resuelven por sí mismas el desafío ambiental de la hotelería, pero ayudan a pasar de las intenciones a resultados susceptibles de seguimiento.
El huésped también forma parte del cambio
La transformación de la hospitalidad plantea, sin embargo, un desafío adicional: hacer más sostenible una experiencia diseñada precisamente para brindar comodidad.
Durante décadas, muchos productos de un solo uso fueron incorporados a hoteles porque ofrecían higiene, rapidez y practicidad. Modificarlos exige encontrar soluciones capaces de mantener esos atributos mientras reducen su impacto.
Por ello, la sostenibilidad hotelera no consiste simplemente en retirar objetos. Requiere rediseñar procesos y conseguir que huéspedes, colaboradores y proveedores formen parte de una nueva lógica de consumo.
Cuando el cambio funciona, aquello que inicialmente parecía una renuncia puede terminar convirtiéndose en una nueva normalidad.
Una habitación, miles de decisiones
La industria hotelera funciona todos los días. Precisamente por eso, sus decisiones cotidianas tienen capacidad de acumular impactos importantes.
Una botella menos parece poco.
Doscientas noventa y cinco botellas menos cada día comienzan a contar otra historia.
Más de 322.000 unidades evitadas durante tres años muestran lo que sucede cuando una decisión se sostiene. Y 417,5 kilos de plástico reciclado convertidos en mobiliario recuerdan que un material descartado puede recuperar utilidad cuando existe un sistema capaz de reincorporarlo.
El caso de Wyndham Quito Airport no significa que el desafío de los residuos esté resuelto. Más bien permite observar dos principios que pueden resultar relevantes para la transformación de la hotelería: evitar primero y recuperar después.
Porque la sostenibilidad no debería medirse únicamente por aquello que una empresa promete hacer en el futuro, sino también por aquello que puede demostrar que dejó de consumir, logró reutilizar o consiguió transformar.
Y quizá allí se encuentre uno de los cambios más importantes: comprender que cuidar el planeta no siempre comienza con una gran obra. Algunas veces empieza simplemente con un objeto que, desde hoy, decide dejar de entrar por la puerta.
PLAYDATO | EL IMPACTO EN CIFRAS
Desde 2023, Wyndham Quito Airport reporta 322.842 botellas plásticas de un solo uso evitadas, equivalentes a un promedio aproximado de 295 unidades diarias. Tomando como referencia un peso de entre 10 y 12 gramos por botella, representarían aproximadamente 3,2 a 3,9 toneladas de plástico potencialmente no generado. A ello se suman 417,5 kilos de plástico reciclado incorporados en 26 piezas de mobiliario exterior, 22 de las cuales conservan sus estructuras metálicas originales.
Fuente: Joseph Córdova, Wydham Airport Hotel Quito





