En una sociedad donde la información circula a la velocidad de un clic, comunicar con responsabilidad puede marcar la diferencia entre el miedo y la preparación. Radio Play Internacional y PlayTV abren un diálogo sobre el papel de los medios, la inteligencia artificial y la conciencia colectiva en la construcción de comunidades más seguras y resilientes.

La comunicación ha dejado de ser únicamente el relato de lo que sucede para convertirse en una herramienta indispensable en la construcción del futuro. Cuando una amenaza se aproxima, una comunidad enfrenta una emergencia o una familia necesita tomar decisiones para protegerse, la calidad de la información adquiere un valor extraordinario. Una palabra precisa puede orientar; una advertencia oportuna puede facilitar una evacuación; una noticia sin verificar, en cambio, puede multiplicar la incertidumbre.

Con esta reflexión como punto de partida, Radio Play Internacional, a través de Georiesgos y PlayTV, abrió un espacio de análisis sobre la importancia de la comunicación y los medios en la gestión para la reducción del riesgo de desastres (GRRD). La conversación reunió la experiencia del investigador mexicano Raymundo Padilla Lozoya con la conducción de María Fernanda Pauker, profesional de la comunicación y de la gestión de riesgos, en un encuentro que invitó a revisar no solamente cómo informamos, sino para qué lo hacemos.

Este reportaje inaugura, además, una línea editorial de entrevistas en el portal de Georiesgos, concebida para acercar el conocimiento especializado a la ciudadanía y promover una cultura de prevención que trascienda las fronteras.

Del relato de la tragedia a la construcción de prevención

Durante décadas, buena parte de la cobertura periodística de los desastres se ha concentrado en sus consecuencias: viviendas destruidas, personas afectadas, infraestructura colapsada y operaciones de rescate. Aunque documentar estas realidades es indispensable, existe una pregunta que con frecuencia permanece fuera de los titulares: ¿qué pudo haberse hecho antes para reducir los daños?

Raymundo Padilla Lozoya, profesor investigador de la Universidad de Colima, México, abordó precisamente esta transformación. Formado en letras y periodismo, historia y antropología, ha dedicado más de dos décadas a vincular la comunicación, la investigación histórica y las dimensiones sociales de los riesgos de desastres.

Su acercamiento al tema comenzó mucho antes de su trayectoria académica. Los efectos del terremoto de México de 1985, observados durante su infancia, y posteriormente el sismo de 1995 en las costas de Colima marcaron su comprensión de la vulnerabilidad humana. Aquellas experiencias lo llevaron a formular preguntas que hoy resultan esenciales para cualquier periodista especializado: ¿por qué algunas construcciones colapsan?, ¿qué condiciones incrementan la exposición de las personas? y ¿cómo puede una sociedad prepararse para enfrentar amenazas que forman parte de su territorio?

La respuesta exige comprender que la gestión de riesgos no comienza cuando llegan los equipos de emergencia. Se construye mucho antes, mediante decisiones sobre planificación territorial, infraestructura, educación, organización comunitaria y acceso a información confiable.

Para Padilla, el periodismo debe acompañar esta evolución. No basta con describir una inundación; también es necesario investigar cómo se ocupó el territorio, cuáles eran las condiciones de drenaje, qué medidas de mitigación existían y qué capacidades tenía la comunidad para responder.

El periodista también necesita comprender el territorio

Uno de los planteamientos centrales de la entrevista fue la necesidad de fortalecer la formación de los profesionales de la comunicación.

No todas las comunidades enfrentan las mismas amenazas. Mientras algunas conviven con volcanes activos, otras están expuestas a huracanes, terremotos, inundaciones, sequías o movimientos en masa. Esta diversidad exige que el periodista conozca las características físicas de los fenómenos, pero también sus consecuencias sociales y las capacidades institucionales existentes.

La especialización, por tanto, no consiste solamente en aprender terminología técnica. Implica desarrollar sensibilidad hacia las condiciones de vulnerabilidad, reconocer las desigualdades que pueden agravar una emergencia y comprender cómo las personas interpretan los peligros desde sus experiencias, creencias y tradiciones.

Durante la conversación surgió un ejemplo particularmente cercano para los habitantes de Quito: el denominado «Cordonazo de San Francisco», expresión popular que relaciona las tormentas de principios de octubre con la festividad de San Francisco de Asís. Este referente cultural permitió reflexionar sobre cómo las creencias influyen en la percepción del riesgo, sin sustituir las explicaciones científicas de los fenómenos meteorológicos.

La comunicación preventiva necesita precisamente esa capacidad de encuentro entre el conocimiento técnico y la realidad cultural de las comunidades. Una recomendación que no considera cómo vive, comprende y actúa la población puede perder efectividad, incluso cuando sus fundamentos científicos son correctos.

Más información no siempre significa mejor información

Internet y las redes sociales han transformado radicalmente la relación entre los medios y sus audiencias. Hoy una persona puede conocer lo que ocurre al otro lado del planeta en cuestión de segundos, compartir imágenes de una emergencia y acceder a comunicados institucionales sin esperar la siguiente edición de un noticiero.

Sin embargo, la abundancia de contenidos no garantiza su calidad.

Padilla advirtió sobre las dificultades que enfrenta el periodismo especializado en un entorno donde la rapidez, la espectacularidad y la búsqueda de audiencia pueden desplazar la verificación. La publicación de videos fuera de contexto, la difusión de rumores y la exposición innecesaria de personas durante una emergencia son manifestaciones de un problema que involucra tanto a los medios tradicionales como a los nuevos creadores de contenido.

El desafío es doble. Por una parte, las instituciones responsables de la gestión de riesgos necesitan fortalecer su capacidad para comunicar de manera clara, accesible y oportuna. Por otra, periodistas y ciudadanos deben desarrollar criterios para distinguir entre una fuente confiable y una publicación que únicamente busca captar atención.

La velocidad es importante cuando existe peligro, pero nunca debería convertirse en una excusa para sacrificar la precisión. Una información incorrecta puede generar alarma, provocar desplazamientos innecesarios o interferir con las operaciones de respuesta.

De allí surge una responsabilidad compartida: verificar antes de publicar, contextualizar antes de interpretar y recordar que detrás de cada pantalla existen personas que pueden tomar decisiones basadas en aquello que reciben.

Inteligencia artificial: grandes posibilidades, responsabilidades mayores

Uno de los momentos más interesantes del diálogo estuvo dedicado a la inteligencia artificial y su creciente presencia en la comunicación y la gestión de riesgos.

Lejos de considerar estas tecnologías como una amenaza inevitable, Padilla destacó su potencial para facilitar el acceso al conocimiento, organizar información y contribuir a la identificación de situaciones de riesgo.

«No me preocupa la inteligencia artificial. Me preocupa mucho la desinteligencia humana», expresó durante la entrevista, sintetizando una preocupación que va más allá del desarrollo tecnológico: la capacidad de las personas y las instituciones para utilizar responsablemente las herramientas disponibles.

Los sistemas de información geográfica, el análisis de imágenes satelitales, los modelos de pronóstico, las plataformas de alerta temprana y las aplicaciones de inteligencia artificial pueden contribuir a interpretar grandes volúmenes de datos y apoyar decisiones técnicas. También permiten desarrollar contenidos educativos, representar escenarios y explicar procesos complejos mediante recursos audiovisuales más accesibles.

No obstante, estas capacidades no sustituyen el criterio profesional ni la preparación institucional. Un sistema puede identificar necesidades de respuesta, pero su utilidad estará condicionada por la disponibilidad real de personal, equipos, infraestructura y recursos.

La inteligencia artificial tampoco debe convertirse en una fuente incuestionable. Sus resultados requieren validación, especialmente cuando se utilizan para comunicar alertas, interpretar escenarios o producir información que podría influir en la seguridad de una comunidad.

El futuro de la comunicación preventiva no depende exclusivamente de contar con tecnologías más avanzadas, sino de integrarlas con conocimiento científico, ética profesional y una profunda comprensión de las necesidades humanas.

La salud mental también forma parte de la comunicación del riesgo

La entrevista incorporó una dimensión frecuentemente relegada en la cobertura de emergencias: el bienestar emocional y psicológico de las personas.

Las imágenes de destrucción, los testimonios de sufrimiento y la exposición constante a noticias alarmantes pueden producir impactos emocionales, especialmente entre quienes han experimentado pérdidas o viven situaciones de incertidumbre.

Desde la perspectiva de Radio Play Internacional, esta preocupación se relaciona directamente con su compromiso histórico de mejorar la calidad de vida y con su campaña «Juntos por la Vida», dedicada a promover la prevención del suicidio, la autoestima y el acompañamiento humano.

Informar responsablemente no significa ocultar la gravedad de una situación. Significa comunicarla sin sensacionalismo, respetar la dignidad de las personas afectadas y acompañar las noticias con orientaciones útiles.

Una cobertura centrada exclusivamente en el sufrimiento puede dejar a la audiencia con una sensación de impotencia. En cambio, cuando el periodismo explica los riesgos, identifica recursos de apoyo y ofrece recomendaciones verificadas, contribuye a fortalecer la capacidad de respuesta individual y colectiva.

La resiliencia también necesita confianza, empatía y redes de apoyo. Por ello, la comunicación debe reconocer que las personas no solamente requieren información para proteger sus bienes o su integridad física, sino también herramientas para afrontar emocionalmente las situaciones difíciles.

Educar desde la infancia: una inversión en el futuro

Otro de los grandes desafíos planteados por Padilla fue la formación de nuevas generaciones capaces de comprender los riesgos desde una perspectiva más integral.

En la conversación cuestionó el uso habitual de la expresión «desastres naturales», porque puede transmitir la idea equivocada de que las consecuencias de un fenómeno dependen exclusivamente de la naturaleza.

Un terremoto, una lluvia intensa o una erupción volcánica son fenómenos físicos; que produzcan un desastre depende también de factores como la exposición, la vulnerabilidad, las decisiones de desarrollo y las capacidades de preparación y respuesta.

Comprender esta diferencia desde la escuela permite construir una mirada más crítica sobre el entorno. También favorece que niños y adolescentes participen en conversaciones familiares sobre seguridad, prevención y protección del ambiente.

La educación en riesgos no debería limitarse a memorizar recomendaciones. Debe estimular la curiosidad, el pensamiento crítico y la capacidad de reconocer situaciones que requieren atención.

Formar una cultura preventiva desde edades tempranas significa ofrecer a las próximas generaciones herramientas para tomar decisiones más conscientes y responsables.

La corresponsabilidad: el mensaje que debe trascender la entrevista

En sus reflexiones finales, Padilla insistió en que la comunicación del riesgo requiere trabajo anticipado y una participación mucho más amplia que la de los organismos de emergencia.

Las autoridades tienen responsabilidades fundamentales en la protección de la población, pero ninguna institución puede sustituir por completo la preparación de las familias, las escuelas, los barrios y las organizaciones.

Conocer las amenazas del lugar donde vivimos, revisar las condiciones de nuestras viviendas, participar en procesos de capacitación y disponer de planes familiares de emergencia son acciones que fortalecen las capacidades de autoprotección.

El periodismo tiene la oportunidad de convertir estos conocimientos en parte de la conversación cotidiana. Puede investigar, explicar, cuestionar decisiones y, sobre todo, mantener vigente la prevención incluso cuando no existe una emergencia ocupando los titulares.

Esa es una de las mayores transformaciones pendientes: conseguir que la comunicación del riesgo deje de ser un contenido ocasional y se convierta en un servicio permanente para la sociedad.

Georiesgos: una ventana para el conocimiento que protege la vida

La apertura de este espacio de entrevistas en el portal de Georiesgos representa una oportunidad para acercar las voces de investigadores, periodistas, profesionales, autoridades y especialistas a públicos diversos.

A través de Radio Play Internacional, PlayTV y sus plataformas digitales, el propósito es promover una comunicación que no se limite a transmitir acontecimientos, sino que contribuya a comprender sus causas, identificar oportunidades de prevención y fortalecer las capacidades de las comunidades.

El diálogo internacional con Raymundo Padilla Lozoya demuestra que la comunicación y la reducción del riesgo de desastres no son disciplinas aisladas. Ambas encuentran su mayor sentido cuando trabajan al servicio de las personas.

En un mundo donde la tecnología transforma constantemente nuestra manera de relacionarnos con la información, el verdadero desafío sigue siendo profundamente humano: aprender a comunicar con rigor, sensibilidad y responsabilidad.

Porque una sociedad mejor informada tiene mayores posibilidades de prepararse, tomar decisiones conscientes y construir un futuro más seguro.

Y porque, en gestión de riesgos, comunicar no es solamente contar lo que ocurrió. Es contribuir a que mañana podamos evitar pérdidas que hoy todavía estamos a tiempo de prevenir.

🎙️ Una conversación que invita a reflexionar y actuar

La comunicación también salva vidas cuando el conocimiento se transforma en prevención. Te invitamos a descubrir nuestra entrevista especial con Raymundo Padilla Lozoya, investigador de la Universidad de Colima, México, quien comparte su visión sobre el papel fundamental de la comunicación en la reducción del riesgo de desastres, la construcción de comunidades resilientes y la importancia de informar con responsabilidad. Disfruta de esta conversación en PlayTV, a través de nuestro canal de YouTube, y escúchala en Radio Play Internacional, en www.radioplayinternacional.com. Porque comprender los riesgos es el primer paso para construir un futuro más seguro.

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Comunicación, conocimiento y prevención al servicio de la vida.