Una jornada de esterilización en Pisulí convirtió la medicina veterinaria, la educación y la solidaridad en una acción concreta contra el abandono y la sobrepoblación animal

En Pisulí, al norte de Quito, una jornada de esterilización dejó una cifra que va mucho más allá de los números: más de 320 animales de compañía recibieron atención médica y una nueva oportunidad para vivir en mejores condiciones. La iniciativa, organizada por la Fundación Camino, contó con la participación de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ), a través de su Hospital Veterinario (HOSVET) y de la Escuela de Medicina Veterinaria del Colegio de Ciencias de la Salud (COCSA).
La jornada se convirtió en un ejemplo de cómo la colaboración entre instituciones académicas, organizaciones dedicadas al bienestar animal y comunidades puede transformar una necesidad urgente en una respuesta concreta. En cada consulta, procedimiento y recuperación hubo también un mensaje de fondo: la protección de los animales es una responsabilidad compartida.
Esterilizar también es prevenir
La esterilización constituye una de las herramientas más importantes para contribuir al control poblacional de perros y gatos y prevenir camadas no planificadas. Su alcance, sin embargo, trasciende el ámbito estrictamente veterinario.
Cuando existen animales sin control reproductivo, aumentan las posibilidades de abandono y de que muchos terminen en las calles, expuestos a enfermedades, accidentes, maltrato y condiciones que comprometen su bienestar. Por ello, las campañas de esterilización pueden convertirse en una pieza fundamental dentro de una estrategia más amplia de tenencia responsable y protección animal.
En Pisulí, esta visión se tradujo en una intervención que permitió atender a cientos de animales y acercar servicios veterinarios a una comunidad donde este tipo de iniciativas puede marcar una diferencia significativa.
Medicina que también enseña
La jornada tuvo además un componente académico. Christian Giraldo, director médico del HOSVET, junto con estudiantes de Medicina Veterinaria de la USFQ, participó en distintas etapas del proceso, desde la preparación prequirúrgica de los pacientes y la administración de medicamentos preanestésicos hasta el monitoreo posterior a las intervenciones y el alta médica.
Para los futuros profesionales, la experiencia representó mucho más que una práctica. Fue una oportunidad para comprender que la medicina veterinaria también se construye fuera de las aulas y de los hospitales: en contacto directo con las comunidades, sus necesidades y las realidades que enfrentan diariamente los animales.
La formación profesional adquiere así una dimensión humana. Cada procedimiento requiere conocimiento técnico, pero también responsabilidad, sensibilidad y respeto por la vida.
“Cada jornada de servicio comunitario es una oportunidad para generar impacto real y fortalecer la salud pública”, señaló Giraldo, al destacar la importancia de integrar la formación de los estudiantes con acciones que tengan un efecto directo en la sociedad.
Cuando el bienestar animal también es bienestar colectivo
Hablar de protección animal es hablar también de comunidad. La salud y el bienestar de los animales de compañía están estrechamente vinculados con las condiciones de vida de las personas que los cuidan y con el entorno que comparten.
La prevención del abandono, la educación sobre tenencia responsable y el control de la reproducción forman parte de una misma conversación. No se trata únicamente de evitar que existan animales en las calles, sino de promover una cultura en la que adoptar, cuidar, esterilizar, alimentar y atender médicamente a una mascota sean entendidos como compromisos de largo plazo.
En ese sentido, las campañas comunitarias adquieren especial relevancia. Permiten acercar conocimientos y servicios a sectores donde pueden existir mayores dificultades para acceder regularmente a atención veterinaria y, al mismo tiempo, generar conciencia sobre la responsabilidad que implica convivir con un animal.

Una universidad que sale de sus aulas
La participación de la USFQ evidencia, además, una concepción de la educación que busca vincular el conocimiento con las necesidades del entorno.
El trabajo del HOSVET y de la Escuela de Medicina Veterinaria no se limita a la atención clínica. La universidad mantiene también programas relacionados con el cuidado, rehabilitación, conservación y atención de fauna silvestre enferma, herida o rescatada del tráfico ilegal, a través del Hospital de Fauna Silvestre Tueri.
Estas acciones amplían la mirada sobre la medicina veterinaria: desde el cuidado cotidiano de un perro o un gato hasta la protección de especies silvestres y de la biodiversidad que constituye uno de los mayores patrimonios naturales del Ecuador.
A ello se suman iniciativas como Dragones Petfriendly, orientada a fomentar la tenencia responsable y contribuir a disminuir el abandono de animales de compañía en Quito mediante educación, investigación, censos poblacionales y jornadas de adopción.
Una cadena de aliados por la vida
La jornada de Pisulí demuestra que los cambios sostenibles difícilmente dependen de un solo actor. Cuando la academia aporta conocimiento y profesionales en formación; las organizaciones sociales, experiencia y capacidad de convocatoria; y la comunidad, participación y compromiso, el resultado puede multiplicarse.
Más de 320 animales atendidos representan, en realidad, cientos de familias, historias y vínculos que pueden beneficiarse de una atención veterinaria responsable. También representan menos posibilidades de reproducción no planificada y una oportunidad para fortalecer prácticas de cuidado que pueden extenderse más allá de una sola jornada.
El desafío, sin embargo, continúa. Una campaña de esterilización es un paso importante, pero el bienestar animal requiere continuidad: educación, atención médica, alimentación adecuada, identificación, vacunación, adopción responsable y, sobre todo, una decisión consciente de asumir a un animal como parte de la familia y no como un objeto pasajero.
Cuidar también es una forma de construir ciudad
En una sociedad que avanza hacia una mayor conciencia sobre la relación entre seres humanos, animales y naturaleza, iniciativas como la desarrollada en Pisulí adquieren un significado especial.
Porque detrás de cada esterilización existe una posibilidad de prevenir el abandono. Detrás de cada estudiante que participa hay un profesional que aprende a ejercer su carrera con responsabilidad social. Y detrás de cada alianza existe una comunidad que demuestra que el bienestar puede construirse cuando diferentes sectores deciden trabajar juntos.
Más de 320 animales recibieron atención en Pisulí. Pero el verdadero alcance de la jornada puede medirse en algo mucho más profundo: la posibilidad de que cada uno de ellos tenga una vida más saludable, segura y digna, mientras su comunidad avanza hacia una relación más responsable y respetuosa con los animales.
Fuente: PUMARES, Samantha Aguilar





