En el oasis de Dakhla, arqueólogos egipcios descubrieron una singular tumba de adobe donde conviven jeroglíficos, creencias faraónicas, poesía en griego antiguo y elementos del Egipto romano. Su extraordinaria entrada no es literalmente una “puerta al inframundo”, pero sí conduce simbólicamente a una de las concepciones más fascinantes del más allá egipcio.

En medio del inmenso paisaje del Desierto Occidental de Egipto, lejos de las monumentales pirámides de Guiza y de las célebres tumbas del Valle de los Reyes, una escalera de catorce peldaños conduce hacia un capítulo sorprendente de la historia.
Una misión arqueológica egipcia vinculada al Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto ha descubierto en el yacimiento de Bir Al-Shaghala, en el oasis de Dakhla, una tumba de época romana con estructura piramidal, construida principalmente con adobe y destinada, según las primeras investigaciones, al enterramiento de un hombre y su esposa. El Ministerio egipcio de Turismo y Antigüedades anunció el hallazgo el 24 de septiembre de 2026.
Pero lo verdaderamente extraordinario no está únicamente en su forma.
Tras aquella entrada aparecen tradiciones religiosas del antiguo Egipto, inscripciones jeroglíficas, arquitectura romana y hasta un lamento funerario escrito en griego. Es como si varias épocas hubieran quedado reunidas en una misma tumba.
Una pirámide construida en tiempos de Roma
Hablar de una “pirámide romana” puede resultar desconcertante. Las grandes pirámides egipcias habían sido construidas miles de años antes. Sin embargo, durante el dominio romano de Egipto continuaron sobreviviendo y transformándose numerosas tradiciones locales.
La tumba de Bir Al-Shaghala es una magnífica demostración de esa convivencia cultural.
Su arquitectura presenta una superestructura piramidal de adobe. Bajo ella se encuentra un espacio funerario al que se accede mediante catorce escalones que desembocan en una entrada de arenisca de marcado estilo egipcio. Tras ella se encuentra un vestíbulo transversal con cubierta abovedada y dos cámaras funerarias.
La arquitectura no pertenece, por tanto, al Egipto de los faraones que levantaron Guiza, sino a una sociedad mucho más tardía en la que tradiciones egipcias continuaban existiendo bajo administración romana.
Esa mezcla es precisamente lo que hace excepcional al descubrimiento.
La llamada “puerta al inframundo”
El elemento que ha generado titulares internacionales se encuentra en la entrada.
Sobre ella aparecen textos jeroglíficos, fórmulas funerarias y oraciones destinadas a proteger al difunto. Una cornisa de estilo egipcio está presidida por un disco solar alado acompañado por dos cobras, mientras otros elementos arquitectónicos evocan haces de juncos.
Sin embargo, el detalle más extraordinario está en el dintel.
Los arqueólogos identificaron allí una representación correspondiente a la séptima hora del Amduat o Imy-Duat, uno de los grandes textos funerarios del antiguo Egipto relacionados con el viaje nocturno del dios solar a través del mundo de los muertos. Es la primera vez que una escena de esta naturaleza se identifica entre las tumbas de la necrópolis de Bir Al-Shaghala.
De ahí nace la expresión periodística “puerta al inframundo”.
Pero conviene precisar su significado: los arqueólogos no descubrieron una misteriosa puerta física que los egipcios consideraran una entrada literal al más allá. Lo encontrado es una entrada funeraria decorada con imágenes y textos religiosos vinculados al tránsito del difunto y a las antiguas concepciones egipcias sobre el mundo de los muertos.
Y la historia detrás de aquella imagen es extraordinaria.

Doce horas para atravesar la noche
El Amduat describía el recorrido nocturno del dios solar a través de doce horas, antes de renacer con la llegada de un nuevo amanecer.
No era simplemente una historia sobre la muerte. Era una representación de renovación: el Sol desaparecía cada noche, atravesaba el reino nocturno y finalmente regresaba al mundo de los vivos.
La séptima hora representada en la tumba se relaciona con uno de los momentos decisivos de ese viaje, cuando las fuerzas del caos amenazan el recorrido solar.
Colocar una escena semejante en una tumba tenía, por tanto, un profundo significado funerario. El fallecido aspiraba simbólicamente a participar de aquel ciclo de transformación y renacimiento.
Lo sorprendente es encontrar esta tradición todavía presente muchos siglos después de las grandes épocas faraónicas.
Diecinueve versos escritos en griego
Pero la tumba guardaba otra sorpresa.
Los investigadores encontraron una estela funeraria de piedra con un poema de diecinueve líneas escrito en griego antiguo, dedicado a un hombre llamado Pisechtes, el nombre aparece transliterado de diferentes maneras en distintas publicaciones, quien, de acuerdo con los análisis preliminares, pudo haber ejercido como juez.
El texto se fecha provisionalmente entre finales del siglo III y comienzos del IV d. C.
El contraste resulta fascinante: mientras la entrada conserva jeroglíficos y una representación procedente de la tradición religiosa egipcia, la memoria personal del fallecido aparece expresada mediante literatura funeraria en griego.
No es una contradicción es un retrato del Egipto de aquella época.
Egipto llevaba siglos recibiendo influencias helenísticas y posteriormente había pasado al dominio de Roma. En lugares como Dakhla podían coexistir diferentes lenguas, tradiciones y formas de comprender la muerte.
La tumba parece condensar todo ese universo cultural en unos cuantos metros.
Egipto, Grecia y Roma bajo un mismo techo
Precisamente por ello, el descubrimiento posee una importancia que va más allá de su espectacular arquitectura.
La combinación de tradiciones funerarias egipcias, lengua griega y contexto político romano permite observar cómo las culturas no desaparecen necesariamente cuando comienza una nueva etapa histórica. En ocasiones se mezclan, se reinterpretan y continúan viviendo de nuevas maneras.
El propio ministro egipcio de Turismo y Antigüedades, Sherif Fathy, destacó que el descubrimiento refleja la riqueza arqueológica de los oasis y las evidencias que conservan sobre las diferentes civilizaciones que se sucedieron en territorio egipcio.
Bir Al-Shaghala ya era un enclave arqueológico importante. Investigaciones académicas anteriores han documentado en esta necrópolis tumbas romanas con inscripciones griegas, demóticas y textos religiosos egipcios, lo que confirma la extraordinaria diversidad cultural de la región.
Una tumba que pudo tener una segunda vida
La excavación también proporcionó indicios de modificaciones posteriores.
Sobre la entrada principal apareció una capilla de adobe, mientras delante se encontraba un espacio funerario sostenido por cuatro columnas cuadradas, también realizadas en adobe. Estos elementos sugieren que el complejo pudo experimentar modificaciones o reutilizaciones posteriores.
Entre los materiales recuperados se encuentran además una mesa de ofrendas de arenisca, una pila destinada a rituales de purificación, recipientes cerámicos y una moneda de bronce con la representación del emperador Constantino el Grande.
Cada objeto proporciona una pequeña coordenada histórica que permitirá reconstruir con mayor precisión quiénes utilizaron el lugar y durante cuánto tiempo.
Mucho más que una “puerta al más allá”
Es tentador reducir el descubrimiento a la espectacular expresión de una “puerta al inframundo”. Sin embargo, la realidad arqueológica resulta incluso más interesante.
Lo que ha emergido del desierto es el testimonio de una sociedad situada en la intersección de tres mundos.
Una familia podía vivir bajo el Imperio romano, expresarse culturalmente en griego y, al mismo tiempo, continuar recurriendo a imágenes religiosas que hundían sus raíces en tradiciones egipcias milenarias.
La tumba de Bir Al-Shaghala demuestra así algo que la arqueología recuerda una y otra vez: las civilizaciones rara vez desaparecen de un día para otro. Permanecen en los símbolos, las palabras, los rituales y la manera en que las personas intentan comprender aquello que ninguna época ha dejado de preguntarse: qué ocurre después de la muerte.
Y en una remota necrópolis del oasis de Dakhla, diecinueve versos griegos y una antigua escena del viaje del Sol han conseguido sobrevivir durante aproximadamente 1.700 años para volver a contarnos esa historia.
PlayDato
La misión arqueológica del Consejo Supremo de Antigüedades trabaja en Bir Al-Shaghala desde hace años. La nueva tumba presenta una escalera de 14 peldaños, dos cámaras funerarias y una superestructura piramidal de adobe. Entre sus hallazgos sobresalen el lamento de 19 versos en griego antiguo y la representación de la séptima hora del Amduat, inédita hasta ahora en esta necrópolis.
Fuentes: Consejo Supremo de Antigüedades y Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto, información difundida por Ahram Online y Egypt Today, y estudios del Institut français d’archéologie orientale sobre la necrópolis de Bir el-Shaghala. Ahram Online, Foto Interna: Imagen de la tumba hallada.Supreme Council of Antiquities (SCA)





