El actor británico, reconocido mundialmente por interpretar a Spider-Man, habló públicamente sobre cómo el TDAH y la dislexia forman parte de su vida y de su proceso creativo. Lejos de presentar estas condiciones únicamente como obstáculos, Holland explicó que también ha aprendido a apoyarse en el juego, la imaginación y la experimentación para construir personajes y enfrentarse a nuevos retos.

Tom Holland ha construido una carrera marcada por la disciplina física, la precisión interpretativa y una capacidad notable para moverse entre grandes producciones y proyectos más íntimos. Sin embargo, detrás de esa imagen de seguridad profesional existe también una historia de esfuerzo que el actor ha decidido contar con mayor claridad.

En septiembre de 2025, durante la promoción del cortometraje “Never Stop Playing” de LEGO, Holland reveló que tiene TDAH —trastorno por déficit de atención e hiperactividad— y dislexia. En una entrevista citada por Vogue Japan y PEOPLE, explicó que ambas condiciones pueden hacer que enfrentarse a una “página en blanco” resulte intimidante, especialmente cuando comienza a construir un nuevo personaje. Vogue Japan

No se trató de una declaración aislada. Holland ya había hablado anteriormente sobre su dislexia y había contado que fue diagnosticado cuando era niño. Lo nuevo, en aquella conversación de 2025, fue que también hizo referencia públicamente al TDAH y vinculó ambas experiencias con su manera de trabajar como actor. Vogue Japan

Una dificultad que no define su talento

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo que comienza en la infancia y puede continuar en la edad adulta. Puede manifestarse mediante dificultades para mantener la atención, organizar tareas, controlar impulsos o gestionar periodos prolongados de concentración, aunque la forma en que aparece varía de una persona a otra. CDC

La dislexia, por su parte, es una dificultad de aprendizaje que afecta principalmente procesos relacionados con la lectura, la escritura y la ortografía. No está vinculada con una menor inteligencia y puede presentarse de maneras muy diferentes dependiendo de cada persona. nhs.uk

En el caso de Holland, él mismo ha contado que uno de sus mayores retos desde pequeño fue la ortografía. Durante una conversación en el pódcast “On Purpose” en 2023, recordó que había sido diagnosticado con dislexia a los siete años y que debía esforzarse especialmente en la escuela. También destacó el papel de sus padres, quienes le transmitieron una idea sencilla pero decisiva: hacer siempre el mejor esfuerzo posible. Vogue Japan

Ese acompañamiento parece haber tenido un impacto importante en la forma en que el actor aprendió a relacionarse con sus propias dificultades. En lugar de medir su capacidad únicamente a través del rendimiento académico, encontró otras formas de expresarse y desarrollar habilidades.

Cuando una página en blanco puede intimidar

Para un actor, comenzar un personaje implica entrar en un territorio sin respuestas definitivas. Hay que decidir cómo habla, cómo se mueve, qué teme, qué oculta y qué elementos de su personalidad deben aparecer en pantalla.

Holland reconoció que ese punto de partida puede resultarle intimidante precisamente por la manera en que procesa la información. Sin embargo, también explicó que el juego y la creatividad le ayudan a superar esa sensación inicial y a encontrar caminos diferentes hacia sus personajes. 

La idea resulta particularmente interesante porque transforma aquello que podría percibirse únicamente como una dificultad en parte del proceso creativo. No significa que el TDAH o la dislexia sean ventajas automáticas ni que todas las personas los experimenten del mismo modo, sino que cada individuo puede desarrollar estrategias diferentes para trabajar con sus propias características.

En el caso de Holland, jugar, improvisar y experimentar parecen formar parte de esas herramientas.

“Nunca dejes de jugar”

Precisamente ese fue el mensaje central de la campaña que dio origen a sus declaraciones.

LEGO lanzó en septiembre de 2025 el cortometraje “Never Stop Playing”, protagonizado por Holland y dirigido por Los Pérez, en el que el actor interpreta numerosos personajes: desde un futbolista hasta un empresario, un creador y otras figuras completamente diferentes entre sí. Sus hermanos Sam y Harry también aparecen en la producción. 

El proyecto defendía una idea aparentemente sencilla: crecer no debería significar abandonar el juego ni la imaginación.

Holland explicó que de niño construía mundos completos con piezas LEGO junto a sus hermanos y que esa capacidad de jugar continúa acompañándolo como adulto. Para él, la creatividad no termina cuando una persona deja la infancia, sino que puede convertirse en una herramienta para comprender el entorno, resolver problemas y explorar nuevas posibilidades. 

La campaña adquiere una lectura aún más personal después de conocer sus declaraciones sobre el TDAH y la dislexia. El juego deja de ser únicamente entretenimiento y aparece como un espacio de libertad donde no existe una única manera correcta de llegar a un resultado.

Crear personajes también significa experimentar

En el material detrás de cámaras de “Never Stop Playing”, Holland habló sobre la importancia de desafiarse constantemente y permitir que exista un margen de libertad durante la construcción de un personaje. Según explicó, sin diversión, curiosidad y capacidad de experimentar resulta más difícil desarrollar personajes plenamente definidos. 

Ese enfoque ayuda a comprender una parte de su método de trabajo.

Frente a una tarea abierta, una persona puede sentir que existen demasiadas posibilidades y ninguna dirección evidente. Para Holland, el juego parece funcionar como un mecanismo que reduce esa presión y permite comenzar a probar sin exigir que la primera respuesta sea perfecta.

La creatividad aparece así como un proceso menos rígido: probar, equivocarse, cambiar de dirección y descubrir algo inesperado.

La importancia de hablar sin convertir un diagnóstico en una etiqueta

Cuando una figura pública comparte una condición relacionada con el aprendizaje o la atención, existe el riesgo de que toda su personalidad empiece a interpretarse únicamente a través de ese diagnóstico.

Conviene evitarlo.

Holland no es “el actor con TDAH” ni “el actor con dislexia”. Son características que forman parte de su experiencia, pero no resumen su identidad ni explican automáticamente cada aspecto de su comportamiento, su personalidad o su carrera.

Lo verdaderamente valioso de su declaración está en otra parte: en normalizar que una persona puede alcanzar niveles muy altos de desempeño profesional y, al mismo tiempo, haber necesitado encontrar métodos diferentes para aprender, concentrarse o crear.

Para niños, adolescentes y adultos que atraviesan experiencias semejantes, escuchar ese mensaje desde una figura internacional puede contribuir a disminuir algunos prejuicios que todavía existen alrededor de estas condiciones.

La dislexia no significa falta de capacidad

Uno de los errores más frecuentes alrededor de la dislexia es asociarla con una menor inteligencia o con falta de esfuerzo.

No es así.

El NHS británico explica que la dislexia afecta principalmente habilidades relacionadas con lectura, escritura y procesamiento de determinada información, pero no determina la inteligencia de una persona. Algunas personas pueden destacar en determinadas áreas mientras necesitan mayor apoyo en otras.

La propia trayectoria de Holland ofrece un ejemplo claro de esa diferencia. Su dificultad con la ortografía durante la infancia no impidió que desarrollara habilidades actorales, físicas y creativas que más tarde lo llevaron a trabajar en algunas de las producciones cinematográficas más importantes de su generación.

El mensaje no debería ser que el éxito “compensa” una dificultad, sino algo más sencillo: las capacidades humanas no pueden medirse mediante una sola habilidad.

El TDAH tampoco tiene una única forma

Algo similar ocurre con el TDAH.

El CDC señala que puede presentarse predominantemente mediante dificultades de atención, mediante hiperactividad e impulsividad o mediante una combinación de ambas. Además, sus manifestaciones pueden cambiar con la edad y con las exigencias de cada etapa de la vida. 

Por esa razón, conocer que una persona tiene TDAH no permite inferir automáticamente cómo piensa, trabaja o se comporta.

En el caso de Holland, lo único que corresponde afirmar con certeza es aquello que él mismo ha contado: que el TDAH y la dislexia pueden hacer que determinados procesos creativos le resulten intimidantes y que ha encontrado en el juego y la experimentación herramientas útiles para enfrentarlos. 

Una historia que comenzó mucho antes de Spider-Man

Antes de convertirse en Peter Parker, Holland ya había aprendido que debía encontrar sus propias formas de afrontar el aprendizaje.

Su historia profesional comenzó muy joven y estuvo marcada por una formación intensa en danza, teatro y actuación. Con el tiempo, esa disciplina lo condujo a producciones como “The Impossible” y posteriormente al universo cinematográfico de Marvel.

Su reconocimiento internacional podría hacer pensar que todo llegó con facilidad, pero sus propias palabras muestran una realidad diferente: detrás de una carrera exitosa también existen inseguridades, procesos de adaptación y herramientas aprendidas con los años.

Ese contraste puede resultar especialmente poderoso para los jóvenes que creen que una dificultad académica determina necesariamente lo que podrán conseguir en el futuro.

Creatividad no significa hacerlo todo de la misma manera

Quizá la idea más interesante que deja la experiencia de Holland sea que la creatividad no tiene una única ruta.

Algunas personas necesitan silencio; otras movimiento. Algunas organizan meticulosamente cada paso; otras descubren soluciones mientras experimentan. Existen quienes trabajan mejor siguiendo instrucciones claras y quienes necesitan explorar primero varias posibilidades.

La diversidad de estos procesos no convierte a unos en mejores que otros.

Holland ha encontrado en el juego una forma de romper la presión de la página en blanco y convertir la incertidumbre en posibilidad. Esa filosofía coincide con el mensaje que defendió junto a LEGO: permitirnos jugar, incluso siendo adultos, puede mantener activa nuestra capacidad para imaginar y encontrar soluciones nuevas. 

Más allá del diagnóstico

La declaración de Tom Holland no necesita convertirse en una historia de superación exagerada para resultar inspiradora.

Su valor está precisamente en la normalidad con la que habla del tema.

Reconoce que existen dificultades. Reconoce que algunas situaciones pueden intimidarlo. Pero también explica que ha aprendido a trabajar con ellas y a encontrar herramientas que se ajustan a su manera de crear.

En un mundo que durante demasiado tiempo ha confundido aprender diferente con aprender peor, historias como esta ayudan a ampliar la mirada.

Tal vez por eso el mensaje de Holland resulta tan cercano: no habla de eliminar aquello que lo hace diferente, sino de conocerse lo suficiente para descubrir cómo avanzar. Y en su caso, una de esas respuestas sigue siendo la misma que encontró cuando era niño.

Imaginar, experimentar y no dejar de jugar.